lunes, 9 de julio de 2018

El ciclo hidrológico

Es importante saber que ocurre con el agua en cada una de las fases por las que pasa en la Tierra: evaporación, transpiración, condensación en forma de nubes, precipitación, acumulación en el suelo y reevaporación. A la sucesión de estas fases se le denomina ciclo hidrológico, y como todo ciclo, no tiene final. Por lo que se debe tomar un punto de partida para su estudio. Normalmente, ese punto de partida es la precipitación. 

Antes de detallar cada parte del ciclo es necesario exponer los conceptos de evaporación y transpiración. Por una parte, la evaporación es el fenómeno físico por el que el agua pasa de estado líquido a vapor. Por otra parte, la transpiración es el fenómeno biológico por el que las plantas transfieren agua a la atmósfera en su ciclo vital. Como es difícil medir ambos procesos por separado, se juntan y se habla de evapotranspiración.

La precipitación es el resultado de la condensación del vapor del agua atmosférico que se deposita en la superficie de la tierra. Es el principal componente del ciclo hidrológico, responsable de depositar la mayor parte de agua dulce en la tierra. Antes de la condensación, se produce una saturación en las masas de aire, que no son capaces de absorber más vapor de agua. Las masas de aire caliente admiten más vapor de agua que los frías, ya que estas últimas poseen menos capacidad de saturación. Esta saturación se produce por un aumento de la humedad y se alcanza cuando el aire no admite más vapor de agua. Es entonces cuando el vapor de agua comienza a formar núcleos de condensación, o lo que es lo mismo, nubes. Se debe destacar que cuando se produce la precipitación no toda el agua llega al suelo, ya que parte se evapora antes de llegar al suelo y otra parte se queda retenida en los árboles.

La intensidad de la lluvia y el tiempo están inversamente relacionadas: a mayor intensidad, menos tiempo y a menor intensidad mayor será el tiempo de precipitación.


La infiltración es el proceso por el cual el agua de la superficie entra en el terreno. La parte del agua que precipita y no se convierte en escorrentía superficial se infiltra. Este proceso se rige por dos fuerzas: la gravedad y la acción capilar. La gravedad hace que el agua vaya a zonas más profundas y la acción capilar interviene en la retención del agua en la parte más superior del suelo y viene determinada por el tamaño de los poros y la presión, tanto atmosférica como la que ejerce la vegetación con las raíces.

Una parte del agua infiltrada vuelve a salir por evaporación directa o evapotranspiración, mientras que otra parte se queda retenida en el suelo, y es esta la que cubre la capacidad de campo. La capacidad de campo se define como la cantidad de agua que puede almacenar el suelo. Una vez se alcanza el máximo en la capacidad de campo es cuando se produce la infiltración neta, es decir, el agua llega al acuífero. Por lo que la infiltración neta nunca es mayor que la infiltración total.

En definitiva, el suelo establece la relación de almacenamiento e infiltración mediante la capacidad de campo.

De la parte del agua infiltrada en el terreno las plantas toman la que necesitan; sin embargo, se alcanza un grado de humedad a partir del cual las plantas no son capaces de absorber más agua, es lo que se denomina punto de marchitez.

La siguiente fase del ciclo sería la escorrentía, que se produce cuando la intensidad de precipitación excede la capacidad de infiltración (nivel máximo en el que el suelo no puede seguir absorbiendo agua). Por lo que la infiltración no es constante: a medida que pasa el tiempo la infiltración disminuye si la precipitación continúa. La escorrentía superficial es la parte del agua de precipitación que no es evaporada o infiltrada y que escurre superficialmente: se distingue entre escorrentía directa, que llega a los cauces en un periodo de tiempo corto después de la precipitación, y una escorrentía subterránea, que llega a los cauces en un periodo de tiempo mayor.


Ahora bien, si una parte del agua que precipita se evapotranspira, se queda retenida en los árboles, se infiltra o escurre superficialmente, ¿cómo se puede determinar el agua disponible? Bastaría con hacer un balance hídrico y restarle a la precipitación de cada mes la evapotranspiración. Si el resultado de dicha resta es negativo hablaríamos de situación de déficit; si es positivo tendríamos excedente, que es el agua que cada uno de nosotros podría utilizar, ya sea para usos industriales, agrícolas o personales.

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martes, 13 de marzo de 2018

La desertificación en España

¿Veremos desiertos en España más allá de las provincias de Almería y Murcia? ¿Imposible, u ocurrirá más pronto de lo que pensamos? 

Desierto de Tabernas (Almería)
La realidad, como hemos visto desde que comenzó el año hidrológico en octubre, es que en la mayor parte del país, especialmente en la mitad sur y en la región mediterránea, las precipitaciones son cada vez más escasas (aunque este mes de marzo esté siendo lluvioso). A ello hay que añadirle el gran impacto de la actividad humana en el suelo.

Aunque, como siempre ocurre, muchos no quieran darse cuenta de la gravedad del problema, la desertificación en España es una completa realidad. Según un estudio publicado por la revista Science of the Total Environment un 20% del territorio español ya es un desierto. Para llegar a esta conclusión utilizaron dos herramientas: un mapa de condición de la tierra y modelos de simulación sobre cada paisaje de desertificación. 

Además, según un estudio climático realizado por meteorólogos de la AEMET, la nefasta combinación de desertificación y cambio climático podría provocar que ciudades del interior peninsular como Madrid pudieran llegar a tener un clima similar al de Las Vegas (EEUU) y ciudades de la costa mediterránea como Barcelona, un clima parecido al de Alejandría (Egipto), para finales de este siglo.

Erosiones de Bolnuevo (Murcia)
La desertificación es un proceso complejo, resultado de múltiples factores como clima semiárido, sequías estacionales prolongadas y enorme variabilidad e intensidad súbita de las lluvias; suelos pobres y pérdida de la cubierta forestal por los incendios forestales, lo que hace que los suelos sean más fácilmente erosionables; crisis en la agricultura tradicional, que ha supuesto el abandono de tierras y el deterioro del suelo; explotación insostenible de las aguas subterráneas, contaminación química y salinización de acuíferos, y concentración de la actividad económica en las zonas costeras, lo cual sobrexplota los recursos naturales del litoral. Todos estos factores dan origen a los distintos paisajes o escenarios típicos de la desertificación en España. 

Desde LaBioHuella pensamos que no hay tiempo que perder y que deberíamos empezar a actuar ya: hay que tomar medidas drásticas para evitar cederle más terreno de nuestros maravillosos paisajes al desierto. 

Es verdad que España firmó la Convención de la ONU de lucha contra la desertificación en 1996, pero como se ha demostrado no ha sido suficiente porque desde entonces la superficie en riesgo de desertificación no ha hecho más que aumentar. Tod@s nosotr@s desde casa debemos protagonizar la labor más importante contra la desertificación, por ejemplo no malgastando el agua y reutilizándola siempre que podamos, utilizando más productos de origen orgánico en lugar de productos químicos y respetando el entorno natural allá donde vayamos. 


En el siguiente mapa se puede observar un mapa del riesgo de desertificación en España, sacado de un informe publicado en la página del Ministerio de Medio Ambiente. Para más información, aquí os dejo el enlace: http://www.mapama.gob.es/es/cambio-climatico/publicaciones/publicaciones/impactos-desertificacion_tcm7-421434.pdf 



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martes, 6 de marzo de 2018

Nuestros mayores no dejan de darnos lecciones

El otro día, tras pasear por las calles del pequeño pueblo de mi abuelo y cruzarme con sus longevos habitantes rebosantes de sencillez, me vino a la mente una anécdota que nunca olvidaré; y que quería compartir con vosotros en esta mi primera entrada. 

Hace no mucho tiempo, estando en la fila de la caja del supermercado, un hombre anciano que iba delante de mí comenzó a conversar con el cajero e impacientó con su tardanza a todos los allí presentes. La mayoría (en la que me incluyo) empezó a increparle presa del estrés, muy pocos nos dimos cuenta según avanzaba en sus palabras de que nos estaba dando a su manera una gran lección. 

Todo comenzó cuando el joven cajero le dijo, de acuerdo con la política del supermercado, que debía traer su propia bolsa, ya que, como tod@s sabemos, las bolsas de plástico no son buenas para el medio ambiente. El señor se excusó: 

- Es que no había esta moda verde en mis tiempos. 

El empleado le contestó: 

-Ese es ahora nuestro problema. Su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente. 

- Tiene razón - le respondió el anciano - nuestra generación no tenía esa moda verde en esos tiempos: por ejemplo, por aquel entonces, las botellas que se compraban se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban. 

Prosiguió diciendo con firmeza: 

- Subíamos las escaleras, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio ni oficina. Íbamos andando a las tiendas en lugar de ir en coches de 150 caballos cada vez que necesitábamos recorrer 200 metros. Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con no sé cuántos voltios. La energía solar y la eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. 

El cajero le intentó interrumpir para que pudiera avanzar la fila, pero el señor se lo impidió y siguió con su discurso: 

- Entonces teníamos una televisión o radio en casa, no uno en cada habitación. Y la tele tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo, no una pantalla del tamaño de una ventana. En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros. Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico

Mientras la mayoría de clientes del supermercado ya se estaba cambiando de fila, alguno se quedó a presenciar las incesantes palabras del anciano, que parecía habérselas aprendido de memoria:

- En aquellos tiempos, no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina solo para cortar el césped. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Además, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su madre o su padre como taxista las 24 horas. Teníamos un enchufe en cada habitación, no una regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico que recibe señales desde satélites para quedar con nuestros amigos. 

Terminó diciendo: 

- Así que no entiendo que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos los ahora mayores por no tener esta supuesta moda verde en nuestros tiempos. Nosotros respetábamos mucho más el medio ambiente y no nos hacía falta ninguna moda verde. 

El anciano pagó y se marchó, para alivio del cajero. 

Anécdotas como esta invitan a la reflexión: es cierto que la mayoría de los avances de los que disfrutamos en la actualidad han mejorado el mundo y que obviamente no vamos a renunciar a ellos (además en algunos casos nos ayudan a la protección de la naturaleza); pero también lo es que pocas veces los usamos adecuadamente y que eso ha hecho que sea necesaria una “moda verde”, que muchos se piensan que sirve para tapar lo que están haciendo mal medioambientalmente hablando. Antes, con un modo de vida mucho más sencillo, a diario ponían su granito de arena para cuidar el planeta sin modas verdes de por medio. Si ellos podían con menos medios que nosotros, entonces será que no es tan difícil como pensamos. 

*A mi abuelo, gracias por haberme dado tantas lecciones como esta* 

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domingo, 25 de febrero de 2018

Conducta aprendida VS conducta innata. Experimento del alimoche - Félix Rodríguez de la Fuente.

Mi primera entrada la voy a dedicar a una historia que siempre me ha resultado increíble. 

Hace bastantes años, mi padre, en su entusiasmo por hacernos pensar acerca de la naturaleza de los seres vivos, a mi hermano y a mí, nos preguntaba: 

 “Cuando los alimoches se encuentran frente a un huevo de grandes dimensiones, como los de avestruz, seleccionan piedras cercanas, y con el pico comienzan a dispararlas con fuerza contra la cáscara con el fin de romperla y comerse lo que hay en el interior. ¿Creéis que los alimoches utilizan esta técnica porque la aprendieron de sus padres, o nacieron ya sabiéndola?

Claro que, por ese entonces, a nuestra edad, nosotros no teníamos muchas ideas de cómo responder. Lo normal habría sido decir que es aprendida, así como nosotros aprendemos a andar o a hablar. Entonces, añadió: 

 “Y si os digo que ponemos un huevo delante de un alimoche que no ha crecido con sus padres, ¿qué creéis que pasaría? ¿Lo rompería con piedras?” 

Nosotros nos quedamos igual, aunque probamos con diferentes respuestas que no resultaron muy convincentes. Enseguida, mi padre nos contó la historia completa del experimento que daba respuesta a esas preguntas: el experimento del alimoche de Félix Rodríguez de la Fuente, filmado para un documental de El Hombre y la Tierra. 

Para la primera parte del experimento, el equipo puso una recreación de un huevo de avestruz cerca de los alimoches maduros que sobrevolaban la zona. Como era esperado, un par de ellos se posaron y comenzaron su rutina. Cogieron piedras de distintas dimensiones y las arrojaron contra la cáscara. Pronto gozaban de su contenido tras haberlo roto. Como segunda parte, rescataron un alimoche que tenía un mes de vida de un nido, lo criaron y alimentaron en cautividad hasta que tuvo edad suficiente para llevar a cabo la tarea. La gran pregunta de Félix era si un alimoche joven que no se hubiera criado con sus padres, que ni siquiera hubiera volado nunca y que no había visto ningún huevo en su vida, sería capaz de utilizar técnicas como esta de manera innata, transmitidas mediante el material genético de sus padres. Los resultados fueron maravillosos. El alimoche primero emprendió el vuelo, sin que nadie hubiera tenido que ayudarle o enseñarle, corroborando que el vuelo es, como en todas las especies de aves voladoras, una respuesta innata. Pronto localizó el falso huevo y sin más preámbulos, inspeccionó la zona, seleccionó las piedras y comenzó a arrojarlas. Al principio, sin mucho éxito, pero tras unos pocos intentos, logró romper la cáscara. 

Lo que le ocurre a Gaspar, el alimoche del experimento, es que posee una conducta innata e inconsciente que se transmite genéticamente entre los seres vivos de su misma especie y que les hace responder de una misma forma ante determinados estímulos. Esta es una reflexión sobre lo sorprendentes que pueden llegar a ser los organismos y de cómo el material genético transmitido en una especie da lugar a distintos instintos, siendo así capaces de sobrevivir y adaptarse al medio. 

 Al final de la entrada, en las fuentes, os mostraré un enlace que lleva al propio documental en el cual mi padre se basó para preguntarnos, que años más tarde tuve el placer de ver. Os invito a que le echéis vosotros también un vistazo ya que explica más detenidamente y con detalle todo lo relatado en esta entrada. Además, para concluir, querría hacer un guiño al mensaje que deja Rodríguez de la Fuente al final del mismo vídeo:


“Los alimoches, amigos míos, viven en España, cada día menos porque se mueren precisamente víctimas de esta conducta porque comen los huevos envenenados que se dispersan por los campos españoles cada primavera. Si este documento sirve, al menos, para que no se coloque un solo huevo envenenado más en los campos de España, el esfuerzo habrá merecido la pena.” 

El alimoche común, Neophron percnopterus, se encuentra actualmente en el Libro Rojo de las aves de España en la categoría de “En peligro” además de en otros catálogos como “Vulnerable” o “En peligro crítico”. Esto se debe principalmente a esa causa. 
Esta información, además de muchos otros datos sobre el alimoche común y su conservación, se encuentran almacenados en la página web de La Sociedad Española de Ornitología (SEO), una organización no gubernamental de utilidad pública que tiene como principales objetivos la conservación y el estudio de las aves y sus hábitats. También os adjunto el enlace a su página. 

Muchas gracias por vuestra atención y espero que esta ave os haya parecido tan fantástica y curiosa como me lo pareció a mí.
La naturaleza nunca dejará de sorprendernos. 
Recuerda siempre que la Tierra tiene música para aquellos que escuchan. 

FUENTES: 
- Documental “El Hombre y la Tierra: El buitre sabio”: https://www.youtube.com/watch?v=CKuE-8_Py8k 

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